Mi experiencia con el dolor (no físico), es el de un golpe rápido e inesperado que te contrae, encoge y quiebra. El sufrimiento, por lo contrario, es lento y sinuoso en el que vas arrancándote cada uno de esos pedacitos que antes formaban un todo. Es un proceso arduo en el que, si tienes la suficiente resistencia, un día amaneces en un estado de realidad renovada. Cuando digo lo de tener suficiente resistencia, me refiero a no intervenir, ni poner parches con el fin de obtener un alivio temporal, en mi caso, solo me ha servido para prolongar la agonía. No es fácil porque a nadie nos gusta vernos rotos, ni tampoco que lo vean los demás, no vaya a ser que nos quieran o nos valoren un poco menos... Hay que permitir que siga su curso natural, ver y escuchar sus historias. Ver y escuchar, implica una parte de nosotros que sufre y una parte consciente que observa. Siempre hay que poner distancia y observar todo lo que nos sucede. Sumergirnos en cualquier experiencia, ...