DRIVE MY CAR


 He leído dos o tres libros de Murakami, me he sentido reflejada en algunos de sus temas y personajes, pero no me gusta o no me llega mucho la forma de escribir de este autor. 

Ayer vi la película Drive my car, basada en un libro suyo de relatos, tiene una duración de tres horas, y francamente, se me pasaron volando. Me ha fascinado.

El tema principal, desde mi visión particular, es la falta de autenticidad y sinceridad con uno mismo y con los demás. Muchas veces por seguir adelante en la vida o por mantener determinada situación, no somos honestos. Esto, no solo complica cada vez más las cosas, sino que, nos lleva a perder aquello que tanto deseamos conservar. Porque al final, de lo que se trata siempre, es de no perdernos a nosotros mismos.

Algo curioso y que he podido experimentar en mis propias carnes, son esas ocasiones en que te viene alguien y te propone ir a un sitio o realizar algo que te cuesta decidir o sientes cierta resistencia. La mayoría de las veces en que al final dices: bueno, vale, voy o lo hago, termina pasándote algo o conociendo a alguien que va a ser muy decisivo en tu vida.

Esto es un aspecto que los astrólogos conocemos muy bien y que está marcado por los dos nodos lunares: uno de los nodos, representa el pasado lejano, lo que traemos aprendido de otras vidas y donde se nos da muy bien, por este motivo queremos permanecer siempre ahí. El otro nodo lunar representa el futuro, lo que está por llegar y tenemos que aprender. Entregarnos a la dinámica de este nodo, nos hace avanzar e incluso limpiar situaciones karmicas . 

Al protagonista de la peli, en un momento dado, le dicen que tiene que tener chofer obligado y de entrada se resiste a aceptar. El chofer es una mujer con la que, a primera vista, no tiene nada en común.

Esta mujer parece que no siente o que no tiene necesidades, pero resulta ser una coraza tras la cual, se esconde mucha sensibilidad y vulnerabilidad. Algo similar al protagonista, que parece ser una persona muy aséptica en el trato con los demás y sobria con sus emociones. Ambos tienen el mismo problema: la comunicación.

Poco a poco las barreras se rompen, van descubriendo que vienen de experiencias vitales muy similares y que ambos necesitan expresar y sanar las mismas heridas. 

En paralelo a la historia, se representa una obra de Chéjov que tiene unos diálogos sincrónicos con lo que están viviendo los protagonistas de la peli. 

La película tiene una estética muy limpia y elegante, con silencios muy elocuentes, buenas interpretaciones y la música de un grande como lo es Eiko Ishibashi.




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