LA GUAPURA
Hace unos días, tuve la oportunidad de hablar por primera vez, con un chico que solo conocía de vista. Su aspecto físico no es, precisamente, lo que por general se puede categorizar como el de una persona agraciada. Sin embargo, cuando hablé con él, pude comprobar todo lo contrario: su voz, la desenvoltura de sus gestos, sus ojos soñadores... Todo su conjunto me dejo una impronta de belleza.
Estamos en un tiempo en el que la belleza física, se ha convertido en un producto más con el que mercantilizar. Las mujeres tenemos que tener unas tetas y un culo determinado, unas pestañas y uñas desquiciadas, como bien dice Toro Salvaje. Todo ello nos convierte en un producto más; impersonales, despersonalizados...
Lo que hace fascinante a la escultura clásica, es que esos maravillosos cuerpos, son representaciones de fuerza y energías internas: La Victoria de Samotracia, El David de Miguel Ángel, Los Bronces de Riace... Todos ellos emanan una sustancia, un estado y un sentir. Sin estos atributos, son solo formas inertes en la piedra.
De cartón piedra, como dice Serrat, es lo que me parecen algunas personas.
Es un parecer muy personal, pero para mí, la belleza es algo que proviene de la relación que establecemos con nosotros mismos y, que se proyecta hacia fuera como los rayos del sol. Conozco personas con cuerpos muy trabajados y esculturales que me dejan fría e incluso me echan para atrás.
Cuando el cuerpo es la expresión de ese algo único y precioso, y no está opacado por ningún satélite ajeno a su esencia, cuando nos damos permiso para expresar y ser quien realmente somos, resplandecemos.
La belleza por excelencia es la armonía de todo lo que somos: cuerpo, emociones, alma, espíritu...
ResponderEliminarLa "belleza desquiciada" no aguanta una segunda mirada.
Besos.
La "belleza desquiciada" no aguanta una segunda mirada.
ResponderEliminarMuy acertado :)
Besos