LA MUJER DE AZUL

 Iba caminando por una calle del casco antiguo de la ciudad, cuando de pronto mis ojos se abrieron de par en par: frente a mí, avanzaba una mujer de unos cincuenta y pico años, con una larga cabellera rubia natural y un cuerpo que, para sí, lo quisieran algunas de dieciocho o veinte, pero lo más flipante era cómo iba vestida. Llevaba un vestido azul cielo brillante, drapeado desde el pecho hasta los tobillos, tan ajustado como una segunda piel, y que dejaba ver de forma bien evidente, que no llevaba nada de ropa interior. Le acompañaba un hombre bastante más bajo que ella, vestido como si fuese hacer una travesía en barco. 

Los gestos de la mujer eran refinados, y transmitían una especie de inocencia e ignorancia sobre la tención que despertaba a su paso. Era como una especie de Hada o Sirena de otros mundos que hubiese caído de repente en este.

Cuando estuvimos a la misma altura y nos cruzamos, pensé que las dos éramos como el negativo, la una de la otra. Yo, con mi larga melena castaña y un vestido negro hasta los tobillos de corte recto (no tan ajustado como el suyo). Formábamos el Yin y el Yang.

Seguí mi camino y vi que la dueña de la alpargatería y la dependienta de la herboristería donde compro el té japonés para mi desayuno, estaban en la puerta de la primera cuchicheando. 

Sonreí y les dije: 

Estáis mirando a la mujer de azul? Verdad que es impresionante?

Ellas rieron e hicieron gestos de haber sido pilladas.

La dueña de la alpargatería, es una señora a la que alguna vez le he comprado y me caía muy bien.

Puso cara de Doña Rogelia y dijo:

Es como si se hubiese puesto la cortina del dormitorio...

A partir de ahí, me dejo de interesar la conversación y seguí mi camino.

No voy a hacer comentarios al respecto porque creo que la situación habla por sí sola, pero de buena gana les hubiese contestado a ambas: 

Hay que reconocerle valor para salir vestida de esa forma a la calle, y aunque llevase puesto la cortina del cuarto de baño, seguiría siendo bellísima. 



Comentarios

  1. La envidia saca lo peor de las personas.
    Y mucho más en este país...
    Besos.

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  2. Por qué las personas algunas veces nos denigramos de estas maneras?
    Me lo pregunto muchas veces y, no me vale la respuesta "está en nuestra naturaleza", porque también está en nosotros la capacidad de elegir.
    Es como si, nos fuese más cómodo optar por dejarnos llevar por la corriente de la alcantarilla que por las de un río aguas limpias.
    Cuando somos así con los demás, no es que estamos hablando del otro, en realidad estamos hablando de nosotros.
    Ya me enrollé !!
    jajajaja
    Besos

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